VICTIMAS Y MALTRATADORES
Enero 31, 2008
| Estoy plenamente de acuerdo en que los medios de comunicación deben “señalar con el dedo” a los maltratadotes, es decir, a los presuntos delincuentes o delincuente sentenciados que, en ejercicio del machismo –violencia de género- asesinan, lesionan o maltratan de cualquier modo a las mujeres; a veces la noticia se centra en la victima y no el victimario o delincuente. Sin embargo, no estoy de acuerdo, nada de acuerdo, en la posición de diversas instituciones que están marcando sus pautas de actuación poniendo el acento en la reinserción o preeducación de los delincuentes –presuntos o reales- maltratadores. Por supuesto que hay que cumplir con la ley que señala como pena accesoria a los condenados la participación en programas formativos de reinserción. Por supuesto que estoy de acuerdo en facilitar a todos los maltratadores la posibilidad de cambiar el chip de su cultura patriarcal. Pero muchas de esas iniciativas o dejan en segundo plano a las victimas, o dedican esfuerzo mayor a quines delinquen y no a quienes son victimas del delito.Las mujeres victimas de violencia de género necesitan de un efectivo programa de recuperación, un programa costo y largo en el tiempo. Mejorar la calidad de la asistencia integral a las mujeres victima de violencia de género es prioritario y esencial. Lo he dicho muchas veces, pero lo repito de nuevo: ni un euro ni un gramo de esfuerzo se debe quitar a la atención de las victimas para darlo a los maltratadores, seria manifiestamente injusto.Tengo la impresión-algo mas que impresión pero lo dejo ahí para no señalar con el dedo en demasía- que a algunas autoridades autonómicas se les llena “la boca de agua” anunciando a troche y moche programas y acciones dirigidos a los maltratadores. Y en sus “respectivas casas”, es un decir, tienen centros y entidades que carecen de una formación sólida para atender a las victimas de violencia de género. Y algunas entidades universitarias proponen subvenciones para programas de rehabilitación de maltratadotes –por cierto, los conocen en “laboratorio”- ¿Razones? A las mujeres victima de violencia de genero haya que ir a buscarlas, dedicarles tiempo y esfuerzo; a los delincuentes maltratadores se los “entrega” la justicia por orden judicial.Si equivocamos en punto de mira la lucha contra la violencia de género estamos haciendo un mal favor Jose-Antopnio Burriel |
VIOLENCIA MACHISTA: ANTE LAS ELECCIONES GENERALES
Enero 31, 2008
| Estamos ante un problema que afecta hondamente a la sociedad: la violencia machista. Y no solamente por el número de asesinatos, también por el creciente número de denuncias, y, por supuesto, para la cifra de mujeres maltratadas que singuen sin dar un paso al frente para salir de la “esclavitud”, sin olvidar el creciente problema de la violencia de género en entorno de la inmigración. Confío en que las formaciones políticas tendrán en cuneta esta lacra social en sus propuestas y en sus planes para cuando lleguen al gobierno de la nación. Sin ánimo de ser exhaustivo les propongo una serie de cuestiones que deberían tener cuenta en sus jornadas electorales y en sus programas. A quien corresponda:1. No politicen la lucha contra la violencia machista. Lógico es que propongan las medidas a adoptar que consideren más convenientes, pero no hagan “banderías” con ellas. ¿Seria posible un pacto político para no arrojarse a la cara aciertos y fracasos?2. Pongan en práctica todo lo establecido en la Ley Integral. Pero absolutamente todo, también lo que compete a las autoridades autonómicas por aquello de las transferencias. Por ejemplo, la educación, la asistencia social, las unidades de valoraron integral, la formación de todos los operadores que intervienen en la lucha contra la violencia machista.3. No entren la lucha contra la violencia machista únicamente en los juzgados especializados. Hay que preocuparse, y mucho, en la asistencia social, en la información sencilla y universal de los recursos existentes a las mujeres. Den más competencias a la Policía Local en esta lucha por erradicar la violencia machista.4. Ponga el acento en las campañas de sensibilización. En efecto, todavía la sociedad no esta convenientemente sensibilizada a este respecto. Y no olviden que existen grupos “cerrados” que tratan de entorpecer los medios para erradicar la violencia machista.5. Y, por favor, no estamos ante una pugna entre machismo y feminismo. Estamos ante una lacra social que la sociedad debe erradicar y para ello debe contar con las acciones y medidas que emanan de la autoridad.Otro día más.
José Antonio Burriel |
VICTIMAS Y MALTRATADORES
Enero 31, 2008
| Estoy plenamente de acuerdo en que los medios de comunicación deben “señalar con el dedo” a los maltratadotes, es decir, a los presuntos delincuentes o delincuente sentenciados que, en ejercicio del machismo –violencia de género- asesinan, lesionan o maltratan de cualquier modo a las mujeres; a veces la noticia se centra en la victima y no el victimario o delincuente. Sin embargo, no estoy de acuerdo, nada de acuerdo, en la posición de diversas instituciones que están marcando sus pautas de actuación poniendo el acento en la reinserción o preeducación de los delincuentes –presuntos o reales- maltratadores. Por supuesto que hay que cumplir con la ley que señala como pena accesoria a los condenados la participación en programas formativos de reinserción. Por supuesto que estoy de acuerdo en facilitar a todos los maltratadores la posibilidad de cambiar el chip de su cultura patriarcal. Pero muchas de esas iniciativas o dejan en segundo plano a las victimas, o dedican esfuerzo mayor a quines delinquen y no a quienes son victimas del delito.Las mujeres victimas de violencia de género necesitan de un efectivo programa de recuperación, un programa costo y largo en el tiempo. Mejorar la calidad de la asistencia integral a las mujeres victima de violencia de género es prioritario y esencial. Lo he dicho muchas veces, pero lo repito de nuevo: ni un euro ni un gramo de esfuerzo se debe quitar a la atención de las victimas para darlo a los maltratadores, seria manifiestamente injusto.Tengo la impresión-algo mas que impresión pero lo dejo ahí para no señalar con el dedo en demasía- que a algunas autoridades autonómicas se les llena “la boca de agua” anunciando a troche y moche programas y acciones dirigidos a los maltratadores. Y en sus “respectivas casas”, es un decir, tienen centros y entidades que carecen de una formación sólida para atender a las victimas de violencia de género. Y algunas entidades universitarias proponen subvenciones para programas de rehabilitación de maltratadotes –por cierto, los conocen en “laboratorio”- ¿Razones? A las mujeres victima de violencia de genero haya que ir a buscarlas, dedicarles tiempo y esfuerzo; a los delincuentes maltratadores se los “entrega” la justicia por orden judicial.Si equivocamos en punto de mira la lucha contra la violencia de género estamos haciendo un mal favor
José Antonio Burriel |
Hello world!
Enero 30, 2008
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MALOS TRATOS Y OBISPO DE ALICANTE
Enero 29, 2008
En esta ocasión no puedo decir eso de que “el Obispo de Alicante no tiene quien le escriba”, y no lo puedo decir porque se ha tratado de una entrevista en el periódico “Información” y reproducida en arte por el periódico “Levante”. Domingo, 27 de enero). La entrevista no tiene desperdicio, pero dejo para otros los comentarios e incluso las criticas. Me voy a centrar en el tema de los malos tratos.
El obispo de Alicante vincula la lacra de los malos tratos a que “ahora vivimos en un mundo mas alterado y perdemos con facilidad la paciencia”. No tendrá quien le escriba, pero ¿no tiene quien le aconseje y quien le explique que los malos tratos no consisten en estar alterados o perder la paciencia sino con el machismo, el dominio del hombre sobre la mujer?
Estas son sus palabras sobre los malos tratos: “como aspiración y como deseo, no solo seria de desear que eso no sucediera, sino que tenemos que trabajar todos para que nada de esto ocurra; la violencia siempre es condenable; en otras épocas, quizás ha habido mas paciencia, tolerancia y espíritu de sacrificio y algunos problemillas iniciales se solucionaban con el dialogo y la comprensión mutua”. ¿Por qué no se aconseja el obispo de Alicante de algún experto en estos temas?
En otras épocas, señor obispo, se ha tolerado lo intolerable, porque la sociedad consideraba “normal” la violencia de género. Pero, señor obispo, siempre es intolerable la violencia machista, antes y ahora, aunque ahora este, por suerte y por justicia, condenada. Tolerancia para la mala educación, pero jamás para el maltrato y la violencia. Espíritu de sacrificio para el trabajo, la generosidad, etc., pero aguantar la violencia de genero, el machismo, por mor del sacrificio… ¡ni de coña! Y la Iglesia, tal y como suena, tiene mucho que rectificar al respecto. ¡Basta ya de decir a la mujer: aguanta, ten espíritu de sacrificio! ¡Tengamos espíritu de sacrificio y aguantemos los atracos, los asesinatos, los fraudes y estafas…!
Por cierto, señor obispo de Alicante, si se desea trabajar contra la violencia de genero y los malos tratos, ¿por qué no se escriben documentos eclesiales al respeto y se predica en las Iglesias contra los malos tratos y el machismo?
Para rematar el obispo de Alicante dice sobre esta cuestión: “para los cristianos el matrimonio es sacramento, y verlo así, nos ayuda a reconocer que además de los valores humanos, que pueden facilitar la convivencia y evitar la violencia, contamos con la ayudad de la gracia de Dios que nos da fuerza para respetar y amar a los demás empezando por la propia familia”.
Señor obispo, volvemos a las andanadas: hija mía, aguanta que el matrimonio es un sacramento y no se puede romper; perdona, reza, la gracia de Dios te ayudara. Ayudar puede ayudar, pero jamás para soportar la esclavitud que supone la violencia, los malos tratos. ¡Craso error!
En fin, el obispo de Alicante ni tiene quien le escriba, ni tiene quien le aconseje, ni tiene idea de lo que son los malos tratos, la violencia de genero, ni siquiera una idea ligera y superficial. ¡Que pena de declaraciones! Lo siento, señor obispo, pero gran parte de sus palabras me parecen impresentables.
José Antonio Burriel
Los medios de comunicación se han convertido en un referente para gran parte de la sociedad. La masiva implantación de las nuevas tecnologías y el acceso generalizado a Internet permiten a cualquier ciudadano disponer de información, impensable hace menos de 20 años. En este espacio, los comunicadores juegan un papel esencial en la formación, información y, sobre todo, educación de la nueva sociedad. Especialmente en asuntos como la violencia doméstica, de género o contra la mujer. Recientemente, un estudio sobre el ‘Tratamiento de la violencia de género en la prensa vasca’, fundamentado en una muestra de 1.337 textos periodísticos y en una encuesta realizada a 406 personas, afirmaba que el 69,97% de las personas tiene como fuente exclusiva de información sobre la violencia de género a los medios de comunicación, lo que constituye un argumento definitivo en lo tocante a la responsabilidad de quienes comunicamos. A los profesionales de la comunicación, se nos ha formado sobre el uso de los adjetivos con “sumo tiento”, ya que “a través de ellos puede manifestarse el punto de vista particular del redactor”, como dice la Agencia Efe[1]. El problema es que eso es lo que hace falta en la sociedad actual. El comunicador debe tomar partido. Tiene que responsbilizarse de las consecuencias de que -en una información o campaña de concienciación- “la subjetividad esté permanentemente controlada”. Es hora de recuperar el adjetivo. Y calificar la violación de los derechos humanos más elementales, caso de la violencia doméstica, con los términos que se merecen; intolerable, indignante, etc. No se trata de recurrir a adjetivos ribombantes, bombásticos o exagerados como “terrorismo doméstico” sino, como se recomendó en el I Foro Nacional “Mujer, Violencia y Medios de Comunicación” (2002), utilizar expresiones como “violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico”, “violencia masculina en la familia” o “violencia contra las mujeres en general” que facilitan la comprensión de la información. El objetivo es conseguir precisión en el mensaje y evitar confundir la concienciación social con el sensacionalismo. Esa opacidad terminológica se asemeja a la identificación de una persona del sexo masculino que mata o asesina a una mujer y que, en muchas ocasiones, se limita al término “hombre”, cuando acompañados de la particula presunto se pueden utilizar otras expresiones más claras como homicida, agresor, malhechor, delincuente, asesino, etc., tal y como recomienda el informe Mujer, violencia y medios de comunicación del Instituto Oficial de Radio y Televisión (2002) al hablar de la tipología de violencia de género. La claridad lingüística. El uso de términos adecuados. Y, a mi entender, la acentuación de determinadas situaciones con el uso de los adjetivos calificativos permitirán una concienciación de la sociedad que, hasta ahora, sólo ha llegado mediante campañas aisladas y que no inciden en la realidad de la violencia en el ámbito doméstico. La inmediatez que requiere la elaboración de informaciones de actualidad, así como la contaminación visual que emana de campañas publcitarias que buscan impacto sin preocuparse del mensaje, hacen que la reflexión sobre los malos tratos sea en ocasiones escasa o nula. Por eso, también se puede adjetivar mal sin palabras. Utilizar como recurso fácil la imagen de una mujer agredida. Usar tópicos, frases hechas, comentarios frívolos o clichés. La utilización de un lenguaje violento –escrito o audiovisual- desvirtúa las razones de la agresión. De ahí que frases del estilo “cadáver ensangrentado” o imágenes sensacionalistas dirigen la atención a aspectos colaterales, incompatibles con los motivos reales de la agresión. No es éste el tipo de adjetivación que propongo. Sino la que define los hechos –el atentado contra el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos humanos (1948)- con total claridad. No podemos olvidar que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros[2].” Un adjetivo bien colocado puede denunciar más claramente la intolerable agresión que supone la violencia sexista. Si fallece una víctima por violencia doméstica, hay un asesino. Por Ana Yago. Diseñadora y especialistas en campañas de concienciación.www.sanserif.es