VIOLENCIA DE GENERO EN BENICALAP

Septiembre 29, 2009

Estamos ante una muestra más de la violencia de género. Los hechos criminales de Benicalap -abuso sexual y homicidio de una joven de 17 años- son violencia de género, aún cuando no puedan ser juzgados de acuerdo con ese calificativo porque no existía relación de afectividad -al menos en esos momentos y en tiempos recientes- entre el presunto agresor y la joven agredida-.
Sobre cualquier otra consideración del acto criminal debe prevalecer que estamos ante violencia de género, violencia propia del machista, que, de acuerdo con su pensamiento, considera que la mujer es «posesión suya», y como tal debe comportarse. Con otras palabras, si al machista le ‘peta’ -apetece en cierto argot- tener relaciones sexuales, la mujer no puede negarse: ¿acaso no está bajo el dominio y el poder del hombre? El «no» de la mujer -expresión de libertad- no es aceptado por el machista. Para éste la mujer no tiene otra ‘libertad’ que la que él, poderosos ’señor’, le concede.
Entender de oro modo el hecho criminal de Benicalap es, además de una visión superficial, ‘un escape’ para comprender la realidad en la que estamos inmersos: una ideología patriarcal que invade las relaciones personales entre hombre-mujer. Cierto es que no todos los hombres tiene esa ideología, pero son escasos para la sociedad democrática en la que vivimos y que exige dignidad y libertad por igual. Y, quizás preocupados por las victimas mortales de la violencia machista y por las miles de órdenes de protección para las mujeres amenazadas, somos poco conscientes del machismo y de que también echa sus raíces en la juventud: los jóvenes han sido educados en los patrones y coordenadas del machismo. Y si es sangrante los efectos de la violencia machista en la población adulta, lo es más, al menos para mí, en la juventud: las nuevas generaciones no han cambiado apenas nada.
Hay que educar en la igualdad, en el respeto a la libertad de todos. Y hay que hacerlo en los centros educativos, en todas las edades. Tengo experiencia de charlas en los institutos y cuando a los jóvenes se les habla claro, entienden.
Rosas y velas para Celeste. Pero no nos quedemos ahí. Pongamos en marcha lo previsto en la Ley Integral para la educación.

JOSE ANTONIO BURRIEL

 

 

          El crimen machista de Utiel, 40 victima de violencia de género en 2009, pone al descubierto algunas de las coordenadas en que se mueve la violencia de género.

         Según han puesto de manifiesto familiares y amigas intimas de la mujer asesinada por su pareja, llevaba años sufriendo maltrato psicólogico en silencio. Prohibición de celebrar con su familla alguna fiesta, prohibición de ir a algunos sitios, afeamiento de la conducta en público, etc. Un maltrato psicólogico que mina la resistencia de la mujer, que genera temor y miedo. Un maltrato que muy pocas veces se denuncia. No lo hizo la mujer asesinado: tenia miedo de las reacciones de su pareja, guardia civil en activo. Un maltrato, el psicológico, que mucha gente no valora como se merece: los insultos, los desprecios, las limitaciones a la libertad son “bofetones en el alma” que dejan tanta huella, o más, que los bofetones físicos.

         Y las mujeres deben de ser conscientes de que salir del maltrato, recuperar la libertad y la dignidad precisa ayuda de los expertos. Una ayuda que puede hacer comprender la necesidad de la denuncia. Una ayuda que depende de la especialización de los servicios sociales municipales; una ayuda que puede encontrarse en el teléfono de atención a las mujeres maltratadas, el 016.

         Y una ayuda que pueden, y deben, proporcionar los familiares y amigos. La amiga intima de la mujer asesinada conocía las circunstancias del maltrato. Casi con seguridad le animo a romper la relación. ¿A denunciar? Y recuerdo, sin ningún ánimo de reprochar nada a nadie, que también los amigos y familiares pueden presentar la denuncia, puede acudir a los

 

servicios especializados a narrar los hechos y pedir ayuda. La lacra de la violencia machista la debemos erradicar entre todos, con valentía y con decisión, también con responsabilidad.

          Y cuando la mujer se decide a romper la relación –quizás no se atrevió a denunciar por la profesión de su marido-, sobrevino una reacción típicamente machista: o eres mía o no eres de nadie. Porque el machismo es posesión de la mujer; porque el machismo es negación de la libertad de la mujer. ¡A ver si nos enteramos de una vez por todas!

          Estas son algunas de las coordenadas de la violencia de genero: maltrato psicólogico, miedo y temor a la pareja,  vivir en silencio una situación de “esclavitud”, escasa ayuda de los servicios especializados. Y los vecinos, el entorno social, se muestran atónitos cuando se produce el crimen. No sospechaba lo que ocurría en el hogar o en las relaciones de pareja; incluso, a veces, no valoraban los desprecios y faltas de libertad que ocurrían ante sus ojos.

       Y que no se subraye la profesión del asesino confeso, guardia civil. El machismo esta presente en todas las profesiones, en todas las clases sociales. Otra razón más para ahondar en la causa y raíz de la violencia de género: el pensamiento y la conducta machistas, de posesión, de supremacía del varón.

 JOSE-ANTONIO BURRIEL

Mas de cien mil mujeres amenazadas por hombres que han mantenido una relación de afectividad con ellas; mas de cien mil mujeres que precisan una atención especial por el riesgo –mayor o menor- de volver a ser agredidas, incluso hasta la muerte. Unas cifras que invitan a la reflexión.
En primer lugar, esa cifra –nada exagerada si consideramos la “cifra negra”, es decir, las mujeres que sufren agresiones, físicas o psíquicas, y que guardan silencio, ocultan a la sociedad esa situación- nos indica una realidad que, se piense lo que se piense, esta tristemente presente en nuestra sociedad: la violencia machista, la violencia de genero, la violencia contra las mujeres por el hecho de ser consideradas inferiores al hombre. Una realidad que no podemos circunscribir únicamente a las muertes, éstas son el ultimo y trágico escalón de la violencia machista.
En segundo lugar cabe preguntarse por un hecho que esta presente en ese riesgo : las mujeres que han presentado una denuncia, incluso aquellas que tienen una orden de alejamiento, se confían, “tienden su mano” de nuevo al agresor con el riesgo que ello conlleva. ¿Se atiende convenientemente, tanto psicológica como socialmente, a las mujeres victimas de violencia de genero? Estamos ante un aspecto fundamental para que la mujer no solo rehaga su vida, sino que sea consciente de los riesgos que corre. No es suficiente con un programa se seguimiento de las mujeres amenazadas, hay que poner en marcha todos los medios previstos por la ley para la atención de las mujeres.
Y si nos referimos a las mujeres que retiran sus denuncias –el riesgo se multiplica porque esa retirada supone “una confianza” que nubla las defensas ante la violencia machista, una “confianza” en el agresor que refuerza sus ánimos ante su fuerza de disuasión-, hay que preguntarse: ¿se investigan las razones de esas retiradas tal y como esta previsto en la ley?
Finalmente, es pieza clave para la seguridad de las mujeres amenazadas, además de la atención antes señalada, la seguridad que puede proporcionarles el entorno social en el que viven y desarrollan su vida. Y no solo un entorno que debe mostrar enérgicamente su repulsa al maltratador, sino un entorno que debe apoyar a la mujer en sus decisiones y en sus pasos hacia una vida libre.

JOSE-ANTONIO BURRIEL

LA DENUNCIA DE LA MUJER

Septiembre 8, 2009

El problema de la violencia contra las mujeres, violencia de género, no se resuelve centrando toda la atención en la represión penal. Ciertamente si hay delito, deberá ponerse en marcha al procedimiento penal correspondiente y penar al delincuente. El problema de la violencia de género tiene dos claves para su erradicación: la educación en una cultura de igualdad, y la concienciación social profunda.
Y esa concienciación tiene dos ejes. Por un lado, la sociedad debe tomar conciencia clara de que el problema, la lacra de la violencia contra las mujeres, es social, es decir, nos atañe a todos, y nos atañe e todos porque la violencia machista afecta a un pilar fundamental de toda sociedad democrática, la igualdad en la libertad y en la dignidad de todas las personas. Por otro lado, la sociedad –familiares, amigos, compañeros, vecinos- debe ser consciente de que estamos ante un delito publico pero que suele perpetrarse entre las cuatro paredes del hogar, y que, por consiguiente, la mujer maltratada necesita del apoyo social tanto para recuperar la libertad, como para aseverar ante los juzgados la comisión del delito.
Pero esa concienciación afecta, asimismo, al conocimiento profundo por parte de todos los operadores que intervienen cerca de la mujer –jueces, fiscales, abogados, servicios sociales, policía, etc.- de las especiales características de la mujer que es maltratada.
Y la mujer maltratada sufre en su interior una ambivalencia que afecta a su visión de la “realidad”. Tiene miedo, esta inoculada de sumisión al varón, si tiene hijos, piensa en su salvaguarda, siente como “deber” mantener la unidad de la familia, cree estar enamorada, piensa que la pareja va a cambiar, etc. Todo ello lleva a la mujer a tomar “como realidad” lo que no lo es: que cierta violencia es normal, que ella tiene parte de culpa, que el tiempo lo cura todo. Y esa visión de “la realidad de su vida” le lleva en ocasiones a no denunciar –no hay que olvidar al respecto el temor que siente la mujer a que la justicia le obligue a decisiones que ni comparte, ni quiere-. También a retirar la denuncia –a este respecto no hay que olvidar la intimidación de la pareja y su entorno-
Hay que concienciar a la mujer para que se decida a dar el paso para recuperar su libertad. Y en parte esa concienciación pasa por convencer a la mujer de su dignidad y libertad, y no tanto en el castigo al maltratador. Y, sin ningun genero de dudas, a prestar a la mujer un trtato especializado e individualizado
Queda mucho camino por recorrer. Y todos, sin excepción alguna, tenemos mucho que hacer, entre otras cosas no dejar a la mujer sola, ni trivializar el maltrato centrando la atención en el homicidio: antes de la muerte ocurrieron muchas cosas –insultos, desprecios, limitaciones a la libertad, etc.,
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JOSE-ANTONIO BURRIEL

EL ASESINATO DE LAURA ALONSO

Septiembre 8, 2009

“Exnovios”, firma Mariah José Pou. ¡En el clavo! Como dicen los chavales: punto y pelota. Y el tema es importante, por repetitivo, por afectar a jóvenes, que, sin experiencia, no saben reaccionar contra la violencia machista y que, desgraciadamente, pueden llegar a ser victimas mortales.
Las jóvenes, muchas, puede llegar a confundir “exclusivismo”, “posesión”, dominio celoso con amor apasionado. Y olvidan algo esencial: sin libertad no hay amor, solamente “posesión”. Quien no respeta la libertad de otro, ni sabe amar, ni ama verdaderamente. Y no digamos nada cuando llega la violencia, física o psicológica. En estos casos, no hay amor, ni siquiera sentimiento amoroso, hay violación de los derechos humanos… ¡delito, en definitiva!
Y si se deciden a presentar denuncia –cuando la violencia se ha hecho más manifiesta-, la retiran por presiones, por temor al que dirán, por creer que todo va a cambiar, por dependencia, etc. ¿Para cuando se van a poner en marcha medidas de atención y ayuda a quien presenta la denuncia y después quiere retirarla? ¿Solamente poniendo en marcha al procedimiento judicial –penoso, traumático,- la mujer victima de violencia machista va a obtener ayuda de las instituciones?
Me repito como un loro: ¡basta ya de lagrimas y gritos tras los asesinatos!; el dedo acusador debe dirigirse hacia quien es violento, quien es machista, y debe dirigirse desde los primeros indicios de esa actitud. Mientras los machistas no sientan sobre sus vidas y conductas el rechazo total y absoluto del entorno en el que viven, las normas jurídicas poco podrán hacer para erradicar la violencia machista.
Y tiene razón Mariah José Pou -¡punto y pelota!- cuando muestra su casi estupefacción ante las palabras de sus amigas y amigos: se veía venir, nos lo temíamos…Cuando se ve que un tren va a descarrilar, ¿se encoge uno de hombros? Lo siento, pero en muchos homicidios machistas, además del principal culpable, el homicida, existen otros responsables -¿culpables?- quizás por omisión, quizás por no entender correctamente la amistad y la solidaridad, quizás hasta por egoísmo, por pensar solamente en ellos mismos. Y cuando en el interior de uno mismo existen dudas y desconcierto, es la mano amiga quien puede, y debe, ayudarnos.
Comprendo las dudas de la joven asesinada –nadie le echo una mano en esos momentos- Comparto la indignación de vecinos, familiares y amigos. Clamo por una indignación cuando se presencian o se tiene conocimiento de los primeros actos de machismo. Desde luego, hay que mostrar la repulsa total hacia los machistas. Pero hay que hacerlo mucho antes de que ocurra la tragedia.
JOSE-ANTONIO BURRIEL

LA DENUNCIA DE LA MUJER

Septiembre 5, 2009

El problema de la violencia contra las mujeres, violencia de género, no se resuelve centrando toda la atención en la represión penal. Ciertamente si hay delito, deberá ponerse en marcha al procedimiento penal correspondiente y penar al delincuente. El problema de la violencia de género tiene dos claves para su erradicación: la educación en una cultura de igualdad, y la concienciación social profunda. Y esa concienciación tiene dos ejes. Por un lado, la sociedad debe tomar conciencia clara de que el problema, la lacra de la violencia contra las mujeres, es social, es decir, nos atañe a todos, y nos atañe e todos porque la violencia machista afecta a un pilar fundamental de toda sociedad democrática, la igualdad en la libertad y en la dignidad de todas las personas. Por otro lado, la sociedad –familiares, amigos, compañeros, vecinos- debe ser consciente de que estamos ante un delito publico pero que suele perpetrarse entre las cuatro paredes del hogar, y que, por consiguiente, la mujer maltratada necesita del apoyo social tanto para recuperar la libertad, como para aseverar ante los juzgados la comisión del delito. Pero esa concienciación afecta, asimismo, al conocimiento profundo por parte de todos los operadores que intervienen cerca de la mujer –jueces, fiscales, abogados, servicios sociales, policía, etc.- de las especiales características de la mujer que es maltratada. Y la mujer maltratada sufre en su interior una ambivalencia que afecta a su visión de la “realidad”. Tiene miedo, esta inoculada de sumisión al varón, si tiene hijos, piensa en su salvaguarda, siente como “deber” mantener la unidad de la familia, cree estar enamorada, piensa que la pareja va a cambiar, etc. Todo ello lleva a la mujer a tomar “como realidad” lo que no lo es: que cierta violencia es normal, que ella tiene parte de culpa, que el tiempo lo cura todo. Y esa visión de “la realidad de su vida” le lleva en ocasiones a no denunciar –no hay que olvidar al respecto el temor que siente la mujer a que la justicia le obligue a decisiones que ni comparte, ni quiere-. También a retirar la denuncia –a este respecto no hay que olvidar la intimidación de la pareja y su entorno- Hay que concienciar a la mujer para que se decida a dar el paso para recuperar su libertad. Y en parte esa concienciación pasa por convencer a la mujer de su dignidad y libertad, y no tanto en el castigo al maltratador. Y, sin ningun genero de dudas, a prestar a la mujer un trtato especializado e individualizado Queda mucho camino por recorrer. Y todos, sin excepción alguna, tenemos mucho que hacer, entre otras cosas no dejar a la mujer sola, ni trivializar el maltrato centrando la atención en el homicidio: antes de la muerte ocurrieron muchas cosas –insultos, desprecios, limitaciones a la libertad, etc.,

JOSE ANTONIO BURRIEL