LA COMPLICIDAD DEL SILENCIO

mayo 25, 2008

Como recientemente se ha escrito en este periódico, las cosas por su nombre. Hablar, o escribir, por la tangente, con metáforas  con retruécanos -juegos de palabras- es o evitar el decir las cosas con rotundidad por no se qué temores, o tratar de ocultar la verdad por no se qué razones. Las cosas por su nombre: el silencio es cómplice; quien calla, otorga; quien se queda mudo ante un delito o una acción ilícita, es cómplice. ¡Sin más, la complicidad del silencio es culpabilidad!

         Y digo esto por una noticia aparecida recientemente en la prensa. Dice así: “Cada vez son mas los informes que destacan el papel del “observador” en los casos de acoso. La influencia de este “coro pasivo” estriba en que justifican las agresiones, ya que su silencio e indiferencia suele ser interpretado por el agresor como una aprobación a su conducta”. Y los informes dan una serie de pautas para que los “observadores” dejen de ser sujetos pasivos y actúen.

         Ese silencio cómplice –los niños temen las consecuencias de hablar, o no saben con quien hacerlo- se produce en múltiples facetas de la vida. Por ejemplo, en la violencia machista. El entorno de la mujer maltratada calla, guarda silencio. Lo hace por entender, equivocadamente por supuesto, que las relaciones de pareja son cosas de ambos, asunto privado. Lo hacen por temor a las consecuencias del hablar –testigos de los juicios, por ejemplo-. ¡No hay excusa para un silencio que es cómplice de un delito! No, no estoy hablando de solidaridad, estoy poniendo el calificativo exacto al silencio: complicidad con el agresor.

        Por ejemplo, existe silencio es muchas conductas fraudulentas. ¿Para que las hojas de reclamaciones? ¿Para que las denuncias a los organismos oficiales de consumo? Que otros lo hagan, se suele pensar, De ese modo, con el silencio cómplice, se sigue defraudando con el consiguiente daño para muchos ciudadanos.

        Las cosas por su nombre: el silencio es complicidad con lo ilícito; el silencio es una actitud delictiva, aunque suene muy fuerte.

 

JOSE-ANTONIO BURRIEL

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