enero 31, 2009

Ante los datos del 2008 de la violencia de género en nuestro país las asociaciones de jueces no lo han dudado: penas mas duras no solucionen el problema, son necesarias más medidas educativas y preventivas.
No es la primera vez que acudo a Martín Luther King, tampoco será la última. El líder de los derechos civiles afirmaba: las leyes penales podrán intimidar, pero no cambiar los corazones y las conductas.
El agresor machista no se detiene en su conducta ante el temor al castigo penal; considera que actúa de acuerdo con los códigos sociales seculares –el dominio del hombre sobre la mujer, y hace lo que “cree está en consonancia con su condición masculina”. El agresor machista, una vez condenado, cumple la pena y no recibe un tratamiento de reeducacion, tal y como prescribe la norma legal. Volverá a las andadas. La reeducacion del agresor es, pues, una medida educativa y también preventiva.
Se insiste, los datos son significativos, el un crecimiento de la violencia machista en jóvenes y también en adolescentes. Me pregunto: ¿por qué no se esta cumpliendo lo prescrito en la Ley Integral contra la violencia de género? Porque esa Ley habla de medidas educativas desde los inicios de la escolarización. Es evidente que hay que prevenir la violencia entre los jóvenes, pero es mas evidente que hemos de actuar desde los primer pasos, de lo contrario estaremos en poniendo “parches”.
El índice de sensibilización social es muy bajo, alarmantemente bajo. Cierto es que hay que seguir con las campañas y las llamadas de atención ante el grave problema de la violencia sobre las mujeres. Y no conviene olvidar que muchas de esas campañas no calan con hondura porque casi todo el mundo esta dispuesto a rechazar la violencia física llamativa, no digamos nada las muertes. Sin embargo, pocos son los que advierten la maldad de la violencia psicológica del hombre sobre la mujer –precede a la violencia física-. Y son pocos, y cala poco, porque son muchos los que siguen anclados en una concepción multisecular de la mujer como objeto, o caso, del hombre. Otra vez estamos ante la urgencia de medidas educativas y preventivas que permitan que las nuevas generaciones estén sensibilizadas.
Soy de los que cree que la Ley Integra –a pesar de los datos- esta siendo eficaz: que aumenten las denuncias de las mujeres es un paso hacia delante. Pero soy de los que cree que la Ley Integral ha ido un fracaso en lo que se refiere a medidas educativas. ¿Por qué? Quizás porque nos hemos detenido en los juzgados especializadas y en campañas ruidosas, y hemos olvidado lo previsto ara la educación. Quizás porque todavía muchas autoridades y gobernantes no son conscientes de la razón y causa del machismo: una concepción de la mujer como subordinada al hombre.
Soy optimista, aunque con los pies en el suelo, y pienso que estamos en el buen camino. Pongamos el acento en las medidas educativas y preventivas, esperemos la reacción de las autoridades educativas.

JOSE-ANTONIO BURRIEL

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