SOCIEDAD Y VIOLENCIA DE GENERO

febrero 14, 2009

Insiste Miguel Lorente, Delegado del Gobierno para la Violencia de Género, en la implicación del conjunto de la sociedad en la lucha para erradicar la violencia machista. Así debe de ser.
Y así debe de ser porque la violencia de genero, violencia machista, es un problema de toda la sociedad y no solamente de unos cuantos individuos o instituciones. La violencia de género ancla sus raíces en una ideología que sostiene la subordinación de las mujeres a los hombres, en una ideología que considera a la mujer como inferior al hombre; en definitiva, en una ideología que concede dominio al hombre sobre la mujer. Por consiguiente, estamos ante un problema de la sociedad, de cambio de estructura mental, de reafirmación de los valores de la igualad de todos los seres, sean hombres y mujeres, que componen la sociedad.
Y son muchos los aspectos en los que la sociedad debe comprometerse. Por ejemplo, en no centrar la atención, y la lucha, en los homicidios de las mujeres o en las denuncias de estas. La violencia machista va más lejos. Por ejemplo, el asesinato de una joven en la Comunidad Valenciana a manos de un individuo que se sentía rechazado en sus requerimientos de amores es violencia machista aun cuando no existiese relación afectiva ni de convivencia entre ambos, por lo que no va a ser juzgado por un delito de violencia de género. Es violencia machista el control que bastantes jóvenes ejercen sobre sus parejas. Es violencia machista el convertir a la mujer en “objeto” para satisfacción y placer del hombre. Hay que erradicar cualquier manifestación de violencia machista.
La sociedad en su conjunto debe implicarse en la erradicación de la violencia de género a través de la educación. Así lo dictamina la Ley Integral. Pero no se dedican los esfuerzos necesarios para educar a los jóvenes y adolescentes en la igualdad. Otra vez el punto de mira en las muertes y denuncias; una atención que no permite ver el horizonte: la educación en la igualad y en el respeto a la igual dignidad de todas las personas es esencial en la erradicaron de la violencia machista.
Y toda la sociedad debe implicarse en el rechazo total de cualquier tipo de manifestación machista. Alabar las actuaciones de unos pocos que impiden las agresiones sobre las mujeres, es de justicia. Cifrar la lucha social en esas actuaciones, a las que se suele calificar de heroicidad, es obviar que tales hechos señalan a muchos otros ciudadanos como cobardes por no intervenir o actuar. Si el mal es de la sociedad, todos debemos arrimar el hombro ara su erradicación.
JOSE ANTONIO BURRIEL

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