EL ASESINATO DE LAURA ALONSO

septiembre 8, 2009

“Exnovios”, firma Mariah José Pou. ¡En el clavo! Como dicen los chavales: punto y pelota. Y el tema es importante, por repetitivo, por afectar a jóvenes, que, sin experiencia, no saben reaccionar contra la violencia machista y que, desgraciadamente, pueden llegar a ser victimas mortales.
Las jóvenes, muchas, puede llegar a confundir “exclusivismo”, “posesión”, dominio celoso con amor apasionado. Y olvidan algo esencial: sin libertad no hay amor, solamente “posesión”. Quien no respeta la libertad de otro, ni sabe amar, ni ama verdaderamente. Y no digamos nada cuando llega la violencia, física o psicológica. En estos casos, no hay amor, ni siquiera sentimiento amoroso, hay violación de los derechos humanos… ¡delito, en definitiva!
Y si se deciden a presentar denuncia –cuando la violencia se ha hecho más manifiesta-, la retiran por presiones, por temor al que dirán, por creer que todo va a cambiar, por dependencia, etc. ¿Para cuando se van a poner en marcha medidas de atención y ayuda a quien presenta la denuncia y después quiere retirarla? ¿Solamente poniendo en marcha al procedimiento judicial –penoso, traumático,- la mujer victima de violencia machista va a obtener ayuda de las instituciones?
Me repito como un loro: ¡basta ya de lagrimas y gritos tras los asesinatos!; el dedo acusador debe dirigirse hacia quien es violento, quien es machista, y debe dirigirse desde los primeros indicios de esa actitud. Mientras los machistas no sientan sobre sus vidas y conductas el rechazo total y absoluto del entorno en el que viven, las normas jurídicas poco podrán hacer para erradicar la violencia machista.
Y tiene razón Mariah José Pou -¡punto y pelota!- cuando muestra su casi estupefacción ante las palabras de sus amigas y amigos: se veía venir, nos lo temíamos…Cuando se ve que un tren va a descarrilar, ¿se encoge uno de hombros? Lo siento, pero en muchos homicidios machistas, además del principal culpable, el homicida, existen otros responsables -¿culpables?- quizás por omisión, quizás por no entender correctamente la amistad y la solidaridad, quizás hasta por egoísmo, por pensar solamente en ellos mismos. Y cuando en el interior de uno mismo existen dudas y desconcierto, es la mano amiga quien puede, y debe, ayudarnos.
Comprendo las dudas de la joven asesinada –nadie le echo una mano en esos momentos- Comparto la indignación de vecinos, familiares y amigos. Clamo por una indignación cuando se presencian o se tiene conocimiento de los primeros actos de machismo. Desde luego, hay que mostrar la repulsa total hacia los machistas. Pero hay que hacerlo mucho antes de que ocurra la tragedia.
JOSE-ANTONIO BURRIEL

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