SESEÑA Y GRANADA

julio 6, 2010

Resultan estremecedores los datos que revela el sumario judicial sobre la muerte de la adolescente de Seseña: la niña murió desangrada -corte profundo en la muñeca- y tras muchas horas agonizando. Posiblemente, si la presunta asesina hubiera confesado donde arrojo el cuerpo, se hubiera podido salvar. Me causa un estremecimiento todavía mayor el conocer que dos amigas de la presunta asesina conocían los hechos y guardaron silencio.
¿Cómo es posible que dos adolescentes guarden silencio ante el crimen de una compañera del Instituto? ¿El entramado superficial que crean las redes sociales es tan inmoral como para justificar un crimen y guardar silencio? ¿Cómo estamos educando a la juventud; la ausencia de valores esenciales es tan profunda? ¡Me he quedado atónito y estremecido de dolor!
Y en un pueblo de Granada un hombre asesina con una azada a su expareja sentimental. La mujer había denunciado malos tratos, y el juez había dictado una orden de alejamiento; habia sido absuelto por un Juzgado de lo Penal, peo la sentencia no se habia comunicado, luego regia el alejamiento. Un encuentro fortuito fue la ocasión de un nuevo crimen machista. Y el presunto asesino, tras cometer el crimen, se presento ante la Guardia Civil y confeso los hechos. Y es que un asesino machista actúa con la convicción de que esta haciendo lo que debe de hacer. Y si el ultimo acto de la violencia de genero es el asesinato, el agresor lo considera como algo que la mujer merece por no mantenerse bajo su dominio; confiesa tan tranquilo, cual si fuera por haber cumplido un deber inexcusable.
Y en la provincia de Castellón un marroquí golpea repetidamente a su pareja con la rama de un árbol. Amigos marroquís del agresor observan los hechos cruzados de brazos. Cuando la cultura –por llamarla de algún modo- comprende la concepción de que el varón es superior a la mujer y de que ésta debe estar supeditada a él, el golpeo se convierte en algo normal y justificado, y el silencio de los testigos que presencian los hechos no es sino la aceptación de “un hecho justo”.
Nos queda un largo trecho hasta erradicar la violencia de género. Hay que seguir luchando. Pero sin engañarse: es la cultura patriarcal-machista la única causa de esa horrenda lacra. Y la educación en la igualdad, pieza clave de esa victoria final.
Jose-Antonio Burriel

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